Tercera prueba

En los dos artículos anteriores que puedes leer acá y acá, dije que es bastante comprobable el hecho de que hoy en día la Iglesia en general no experimenta la misma cantidad de milagros y repartimientos de dones del Espíritu Santo como en la Iglesia del primer siglo. 

¿Cuál es la razón?

¿Por qué?

Algunos responden: “Porque todo eso cesó. Todo eso fue para el primer tiempo de la Iglesia. La función de todo eso fue nada más que confirmar el testimonio de los apóstoles. Una vez que murieron los apóstoles y se terminó el Nuevo Testamento ya no es necesario”

¡Esto es totalmente falso! 

En los dos artículos anteriores vimos la primera prueba y la segunda prueba.

La tercera prueba que demuestra que esta es una afirmación falsa, es que Jesús dijo que los creyentes harían milagros y tendrían dones, y JAMÁS dijo que eso cesaría:

Juan 14:12: 

“El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”.

Marcos 16:15-18: 

15 Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. 

16 El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 

17 Y estas señales seguirán A LOS QUE CREEN: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 

18 tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán”.

Esto de que jamás Jesús dijo que el poder en la Iglesia cesaría o menguaría es confirmado por las palabras del apóstol Pedro en Pentecostés. Pedro explicó que la llegada del Espíritu Santo dando poder para la misión era un cumplimiento de Joel 2. Profecía que anunciaba: 

17 Y en los POSTREROS DÍAS, dice Dios,

Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

vuestros jóvenes verán visiones,

y vuestros ancianos soñarán sueños;

18 y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

derramaré de mi Espíritu, y profetizarán”.

Los postreros días abarcan el período de tiempo de la ascensión a los cielos de Jesús hasta la segunda venida del Señor. Por lo tanto, por implicación, no hay cese ni apenas disminución alguna.

Tal es así, que Pedro, casi en el final de su sermón a la multitud, explica que eso mismo que ellos acaban de recibir (la “promesa del Padre”), está disponible para sus oyentes en ese momento tanto como para todos los llamados hasta la última generación:

Hechos 2:39: 

“Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”.

En el siguiente artículo veremos la cuarta prueba contra la explicación falsa de por qué hoy no experimentamos tanto milagros y dones.

Un comentario en “Tercera prueba

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