Segunda razón bíblica

En los artículos anteriores dije que es bastante comprobable el hecho de que hoy en día la Iglesia en general no experimenta la misma cantidad de milagros y repartimientos de dones del Espíritu Santo como en la Iglesia del primer siglo. 

¿Cuál es la razón?

¿Por qué?

Algunos responden con argumentos falsos que ya vimos acá.

Ahora veremos la segunda razón bíblica de por qué podemos no estar experimentando en la Iglesia en general de esta época tantos milagros y dones espirituales.

La segunda razón bíblica es que Dios obra a través de la fe.

En la obra del Espíritu Santo uno de los factores que traen su obrar es la fe. En Hechos 5 vemos a gente que creía con mucha audacia. 

Hechos 5:14,15:

14 Y los que CREÍAN en el Señor aumentaban más, gran número así de hombres como de mujeres; 

15 tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos”.

¡Esa era una fe audaz!

Pregunta: ¿en qué versículo de la Biblia se basaron para “sacar los enfermos a las calles, y ponerlos en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos”?

En ninguno. Ellos simplemente fueron más allá y creyeron que Dios podía sanar a los enfermos aún con apenas la sombra de Pedro. Imaginen, creyeron en una locura así, y por lo que parece ser en el pasaje, esta fe hizo que el Señor sanara a estas personas.

Algo similar lo vemos por ejemplo en esa “mujer enferma de flujo de sangre desde hacía doce años”, ella se dijo a sí misma: “Si tan solo toco su manto, sanaré” (Mateo 9:20-22). Nuevamente: ¿en qué versículo de la Biblia se basó para creer que con solo tocar el manto de Jesús sería sanada?

En ninguno. Ella simplemente fue más allá y creyó con audacia eso, y lo recibió.

Dios determinó que en la obra del Espíritu Santo uno de los factores que traen su obrar es la fe.

Hechos 14:8-10 dice:

“8 Y cierto hombre de Listra estaba sentado, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado. 

9 Este oyó hablar a Pablo, el cual, fijando en él sus ojos, y VIENDO QUE TENÍA FE PARA SER SANADO, 

10 dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo”.

Algo similar sucede con dos ciegos a los que Jesús les preguntó si creían que ÉL los podía sanar, y ellos respondieron que sí, y el Señor les dijo: “Hágase en vosotros según vuestra fe” (Mateo 9:27-30).

Y de la misma manera, Dios determinó que no haya milagros cuando no creemos. Como por ejemplo sucedió con los discípulos de Jesús. El Señor había pasado la noche en un monte, y cuando baja se encuentra que sus discípulos no habían podido echar fuera un demonio de un muchacho. Jesús enseguida echó fuera el demonio, y el chico quedó perfectamente bien. Entonces los discípulos se quedaron preocupados. Ellos habían estado sanando personas y echando fuera demonios hacía muy poco (Mateo 10; Lucas 10), pero ahora simplemente no habían podido. ¿Qué pasó?

Ellos le preguntan al Señor: “¿Por qué nosotros no pudimos echarlo fuera?”. Y Jesús les responde: “Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible” (Mateo 17:14-21).

Jesús les había dicho poco antes: “He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará” (Lucas 10:19). Pero ahora, poco tiempo después no pueden echar fuera un demonio. ¿Será que esa autoridad que les dio era solo para un tiempo?

Imaginen a un cesacionista en esa situación: “Bueno, esto demuestra que la autoridad para echar fuera demonios ya no está vigente. Está claro que los dones cesaron”.

Ufff… si alguien hubiera dicho eso hubiera estado en contra de las palabras de Jesús. El Señor está respondiendo: “No es que la autoridad que les di cesó, o ya no está vigente. Lo que pasó es que ustedes no están creyendo. El problema es su poca fe”.

Por eso Santiago 1:6,7 dice: “Pida con fe, sin dudar; porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor”.

Esto incluso sucedió en el ministerio de Jesús:

Marcos 6:1-6:

“1 Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.

2 Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? 

3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él. 

4 Mas Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 

5 Y NO PUDO hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos

6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando”.

Es muy llamativa esa expresión: “NO PUDO”

No es que Dios no pudiera en sí, es que Dios determinó obrar a través de la fe. Siempre. Dios determinó que no haya milagros cuando no creemos.

Así que en una época de pecado e incredulidad es normal que no haya muchos milagros y dones.

¿Tienes incredulidad? ¿No das pasos de fe en tu ministerio? ¿No oras esperando genuinamente en imposibles?

Si es así, es normal que no veas milagros ni experimentes dones espirituales en tu ministerio.

En el siguiente artículo veremos la tercera razón bíblica de por qué podemos no estar experimentando en la Iglesia en general de esta época tantos milagros y dones espirituales.

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