Cómo ser líder de vana palabrería

El pasaje de 1 Timoteo 1:3-7 nos muestra a líderes (lo más probable) de la Iglesia en Éfeso que habían confundido el rumbo. Su problema era el clásico: 

1- el corazón busca lo equivocado

2- comenzamos a poner el foco del ministerio en los lugares equivocados.


LA BÚSQUEDA DEL CORAZÓN

Pablo le había advertido a los pastores de esa congregación que algunos buscarían “arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:30). El eterno drama de usar un ámbito religioso para conseguir gente que lo siga a uno. Su intención claramente era ser considerados grandes. Pablo explica su intención: “queriendo ser doctores de la ley” (1:7). Cómo se intenta eso depende del círculo cristiano en el que se busca destacar. Unos pueden estar llenos de ortodoxia, erudición y términos sofisticados; y otros intentarán ser más poderosos y llenos de fe que Pablo y Moisés juntos. Unos atacarán a todo el mundo con legalismo disfrazado de santidad, mientras otros competirán para ver quien es más contemporáneo y permisivo. Según el círculo social religioso al que perteneces, así será qué provoca gloria.

EL FOCO DEL MINISTERIO

Como en ese caso el corazón busca lo equivocado, obviamente ese ministerio apuntará al blanco equivocado. Así estos líderes en Éfeso estaban errando a qué le prestaban atención (1:4). Se concentraban en temas muy secundarios en la Palabra que les permitían generar discusiones, debates, mostrar su supuesto conocimiento, más que “edificación de Dios” (1:4). Haciendo lo que sea delante de los demás solo para ser vistos y apreciados; en vez de enfocarse en crecer y ayudar a otros a crecer en “amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida” (1:5). El versículo 6 afirma algo terrible: “desviándose” de lo que realmente importa cultivar en uno mismo y en los demás, “se apartaron a vana palabrería”. La palabra original en griego “ektrépo” (“se apartaron”) era también utilizada “por médicos para miembros dislocados del cuerpo” (Diccionario Thayer). Un miembro que se sale de su lugar y pierde su funcionalidad al menos momentáneamente. Estos líderes se habían desviado de su razón de ser, de su propósito, de su función. Por lo que terminaban siendo miembros dislocados. Torcidos. Teniendo una gran opinión sobre sí mismos, y en realidad apenas siendo líderes de “vana palabrería”. “No entendiendo ni lo que hablaban ni lo que afirmaban” (1:7)


Hermano amado, ¿qué estás buscando con tu ministerio?

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