Primera razón bíblica

En los artículos anteriores dije que es bastante comprobable el hecho de que hoy en día la Iglesia en general no experimenta la misma cantidad de milagros y repartimientos de dones del Espíritu Santo como en la Iglesia del primer siglo. 

¿Cuál es la razón?

¿Por qué?

Algunos responden con argumentos falsos que ya vimos acá.

Ahora comencemos a ver razones bíblicas de por qué podemos no estar experimentando en la Iglesia en general de esta época tantos milagros y dones espirituales.

La primera razón bíblica es que el pecado daña la comunión con el Espíritu Santo.

Hechos 5:1-11 cuenta de un matrimonio, Ananías y Safira. Ellos venden algo de su propiedad y para quedar bien con la Iglesia dan una parte de ese precio a la Iglesia, pero dicen que están dando todo el dinero que recibieron por su propiedad. El Espíritu Santo le muestra a Pedro que ellos están mintiendo y él los confronta fuertemente. Les dice que no le mintieron solo a los apóstoles, sino que le mintieron al Espíritu Santo. Enseguida mueren los dos, y relata el versículo 11 que después de esto “vino gran temor sobre toda la Iglesia”, al punto de que afirma el versículo 13 que muchos no se atrevían a unirse a la Iglesia.

Era una Iglesia santa que promovía la santidad y combatía todo lo que ofende al Espíritu Santo. En una Iglesia así no solo el Espíritu Santo guiaba a sus líderes, les mostraba cuando alguien mentía, promovía el temor de Dios en los creyentes, traía juicio contra el pecado; sino que también, en una Iglesia así, “se hacían MUCHAS señales y prodigios en el pueblo”.

La santidad no compra poder, pero es imposible caminar en comunión con el Espíritu Santo mientras se tiene comunión con el pecado.

Efesios 4:28-30 nos exhorta: 

“28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 

29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. 

30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”.

Aquí, en este versículo, cuando habla de “no contristar”, no se refiere sólo a no provocar un sentimiento de tristeza en el Espíritu Santo. La frase en griego traducida como “no contristéis”, se refiere a no hacer algo que perturba, agravia, causa disgusto, a la otra persona, dañando la relación. Lo que está diciendo el apóstol Pablo es que las actitudes y actividades pecaminosas contenidas en los capítulos 4-6 de Efesios, pueden ofender al Espíritu Santo y causar su disgusto, agravio, rechazo y distancia (Peter O’Brien – “Pillar New Testament Commentary. The Letter to the Ephesians”).

Muchos ejemplos del Antiguo y Nuevo Testamentos indican que el Espíritu Santo otorgará o retendrá bendiciones según vea si la situación que contempla le agrada o no.

En el Antiguo Testamento el Espíritu Santo vino con poder sobre Sansón varias veces (Jueces 13:25; 14:6, 19; 15:14), pero al final lo dejó cuando este persistió en el pecado (Jueces 16:20). De igual manera, cuando Saúl persistió en la desobediencia el Espíritu Santo se apartó de él (1 Samuel 16:14). Y cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios y entristeció al Espíritu Santo, dice Isaías 63:10: “Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su Santo Espíritu”.

Así vemos también en el Nuevo Testamento que el Espíritu Santo puede entristecerse y dejar de derramar bendiciones. Esteban reprendió a los líderes judíos, diciendo: «¡Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo!» (Hechos 7:51). Pablo exhorta a la Iglesia tesalonicense: «No apaguéis al Espíritu» (1 Tesalonicenses 5:19). 

Y el libro de Hebreos advierte fuertemente a la Iglesia acerca de la desobediencia: «¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere AFRENTA AL ESPÍRITU DE GRACIA? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor… El Señor juzgará a su pueblo» (Hebreos 10:29,30).

Todos estos pasajes indican que debemos ser muy cuidadosos en no entristecer u ofender al Espíritu Santo. ÉL no va a forzar su presencia en nosotros en contra de nuestra voluntad (1 Corintios 14:32), pero si le resistimos, le apagamos o nos oponemos a ÉL, se apartará de nosotros y retirará mucha de la bendición de Dios en nuestra vida (Wayne Grudem – «Teología Sistemática». Pag. 680-682).

Recibimos el Espíritu Santo y su poder por Jesucristo, pero el pecado contrista al Espíritu Santo así como la búsqueda de Dios y la piedad avivan su obra: 

1 Timoteo 4:14 (LBLA): “No descuides el don espiritual que está en ti, que te fue conferido por medio de la profecía con la imposición de manos del presbiterio”.

2 Timoteo 1:6,7: “Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”.

Ahora, tal vez alguien puede decir: “Bueno, pero los corintios tenían una Iglesia muy desordenada, con pecados groseros, pero sin embargo estaban llenos de dones”.

Tenemos que entender que lo que vemos en las cartas a los corintios, es un primer tiempo donde estaban siendo exhortados a la santidad por Pablo. Primero Dios nos exhorta al arrepentimiento, luego insiste en su paciencia, pero si nosotros desobedecemos a todas las advertencias persistentes, entramos en un tiempo de disciplina. Jesús dice en Apocalipsis 3:19: “Yo reprendo y castigo a todos los que amo”.

Así que lo primero que podemos decir es que el pecado daña la comunión con el Espíritu Santo, y esto hace que los ministerios de la Iglesia se encuentren sin poder y sin dones.

En las últimas décadas tristemente el descuido y la soberbia han formado una Iglesia llena de pecado. Codicia, falsedad, egoísmo, crítica, murmuración, vanagloria, altivez, fornicación, adulterio, dureza de corazón, etc, etc…

En el siguiente artículo veremos la segunda razón bíblica de por qué podemos no estar experimentando en la Iglesia en general de esta época tantos milagros y dones espirituales.

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